Introducción
La Conducta Sexual Humana...
Es entendida como aquellos comportamientos que llevan a cabo las personas, respecto al sexo.
Aunque la conducta sexual en humanos no tiene el mismo lugar prioritario respecto a otras necesidades, sigue ocupando un rol determinante en nuestro comportamiento como especie. Es por ello que ha sido necesario estudiarle, en sus inicios con un enfoque centrado en la activación general del organismo, haciendo uso de índices de tipo extra genital; y luego, con un enfoque exclusivo en la utilización de medidas genitales, que den una garantía de que la activación es sexual, y no general (Cáceres, 2001).
(Cáceres, 2001) Afirma que el estudio de la responsividad sexual a nivel psicofisiológico es esencial, pues la interacción entre las respuestas fisiológicas como la erección o la lubricación dan paso a la conducta sexual; por lo que omitir alguna variable de estudio solo llevaría a conclusiones incompletas y erróneas.
Según (Mendivil, 2016) la conducta sexual es una actividad íntima y privada, tanto que ha resultado difícil hacerla objeto de investigación. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la perspectiva social y cultural respecto a la sexualidad es variable, (Focault, 2012) trae a colación el cambio que vino con la llegada del régimen victoriano, un silencio celoso; y menciona como antes de este, las prácticas, las palabras y las anatomías no buscaban esconderse, sino que eran dadas en público, en libertad y sin vergüenza alguna. Incluso a comienzos del siglo XVII, el sexo no era una actividad netamente reproductiva, ni exclusiva de las relaciones conyugales y legítimas; era más bien un arte bien sabido de la raza (Focault, 2012).
Las teorías de Freud comprendieron una revolución sexual en diferentes momentos del siglo XX (Mendivil, 2016), pues analizó el desarrollo normal del impulso sexual a través de sus etapas de desarrollo psicosexual, amplió el concepto de sexualidad y las partes del cuerpo implicadas en esta, y describió la influencia de las motivaciones sexuales en el comportamiento humano.
Hay diferencias culturales, pero también existen prohibiciones o deseos universales, y Mendivil retoma la obra de Ford & Beach en 1951, para referir algunas, entre ellas:
- Aunque cualquier compañero sexual adulto es aprobado por cualquier sociedad, las relaciones heterosexuales han sido la norma.
- El rol y la actitud de la mujer varía según la sociedad. Asimismo, es común que los hombres tengan varias parejas, sin embargo, es mal visto que una mujer tenga más de un marido.
- La clase de actividades estimulantes y la duración habitual normal se ve condicionada por la cultura.
- Muchas sociedades consideran la masturbación realizada por adultos como una conducta ridícula e inaceptable.
Esto demuestra que, aunque el impulso sexual es universal, su manifestación está influenciada por las tradiciones y normas de una cultura situada espacio temporalmente (Mendivil, 2016).
Conceptos Fundamentales de la Psicofisiología de las Conductas Sexuales
Conducta sexual y motivación sexual
La conducta sexual está conformada por un conjunto de respuestas y acciones orientadas a la interacción sexual. Desde la neurobiología, puede diferenciarse entre:
- Conductas apetitivas: Acciones relacionadas con la motivación sexual, como las búsqueda, aproximación, exploración y elección de una pareja.
- Conductas consumatorias: Acciones que forman parte de la actividad sexual propiamente dicha.
Esta distinción permite comprender que el deseo o la motivación sexual no son idénticos a la ejecución de una conducta sexual. Ambos procesos involucran circuitos neuronales relacionados, aunque no siempre iguales (Jennings & de Lecea, 2020).
Sistema nervioso central y periférico
La conducta sexual depende de la coordinación entre estructuras cerebrales, médula espinal y nervios periféricos. Entre las regiones centrales más importantes se encuentran el hipotálamo, el tronco encefálico, la amígdala y diversas áreas corticales. Una región destacada es el área preóptica medial, que participa en la integración de señales hormonales y sensoriales y en la expresión de conductas sexuales. También intervienen circuitos del sistema límbico y de recompensa, que contribuyen a dirigir la motivación hacia estímulos sexualmente relevantes (Jennings & de Lecea, 2020).
Por otro lado, el sistema nervioso periférico transmite información sensorial desde los genitales y participa en las respuestas motoras y autonómicas. La integración de estos sistemas permite coordinar la percepción de estímulos sexuales, la excitación y las respuestas genitales (Calabró et al., 2019).
Sistema nervioso autónomo y respuestas fisiológicas
El sistema nervioso autónomo participa en la regulación de las respuestas corporales asociadas con la actividad sexual. Sus divisiones simpática y parasimpática, junto con el sistema somático, contribuyen a coordinar respuestas genitales y otros cambios fisiológicos.
La médula espinal y las vías nerviosas periféricas desempeñan un papel importante en la transmisión de información sensorial y en la coordinación de respuestas reflejas. Estas respuestas también pueden ser moduladas por señales descendentes provenientes del cerebro (McKenna, 2000).
Hormonas sexuales y neurotransmisores
Las principales hormonas que influyen en el desarrollo y funcionamiento de los circuitos cerebrales relacionados con la conducta sexual son:
- Testosterona: Participa en la regulación de la motivación sexual y la actividad de circuitos sexuales.
- Estradiol: Interviene en la regulación hormonal de la conducta sexual y en la actividad neuronal.
- Progesterona: Participa en la modulación de la conducta sexual, especialmente en determinados contextos reproductivos
Respuesta sexual humana
Relación con los procesos psicofisiológicos
La psicofisiología de las conductas sexuales estudia la relación entre los procesos psicológicos y los mecanismos fisiológicos que intervienen en el deseo, la excitación, la respuesta sexual y la conducta sexual (Jennings & de Lecea, 2020). Las conductas sexuales no constituyen un proceso completamente uniforme ni idéntico en todas las personas. Su expresión puede variar según factores biológicos, psicológicos, relacionales y contextuales, por lo que su estudio requiere de una perspectiva integradora que considere la relación en entre el funcionamiento corporal y la experiencia o estímulos psicológicos (Basson, 2015).
Justificación del estudio y posibles aplicaciones clínicas
La sexualidad forma parte de la experiencia humana y comprende diferentes comportamientos, respuestas y procesos que se relacionan entre sí y que pueden manifestarse de distintas formas, las conductas sexuales involucran cambios y respuestas en el organismo que se encuentran relacionados con la actividad del sistema nervioso y la acción de diferentes hormonas (Jennings & de Lecea, 2020).
Desde esta perspectiva, estudiar las conductas sexuales permite comprender de qué forma los procesos fisiológicos participan en la experiencia sexual y cómo se relacionan con otros factores que influyen en el comportamiento sexual. La sexualidad no puede entenderse solo desde el funcionamiento del organismo, ya que también intervienen aspectos psicológicos, interpersonales y socioculturales que interactúan con los procesos fisiológicos (Thomas & Thurston, 2016).
Por ello, abordar las conductas sexuales desde la psicofisiología resulta importante porque permite analizar la relación entre los procesos fisiológicos y la conducta, integrando diferentes elementos que participan en la experiencia sexual humana; este enfoque contribuye a una comprensión más amplia de un fenómeno que involucra tanto al organismo como a la experiencia psicológica de las personas.
A partir de estos conocimientos, existen diversas aplicaciones en el ámbito clínico, una de ellas es poder abordar y entender problemas o dificultades en el ámbito sexual, como baja excitación o falta de orgasmo, lo que facilita distinguir de mejor manera si una disfunción sexual tiene un origen orgánico o funcional (psicológico) por medio de la presentación de distintos estímulos, lo que también ayudaría a observar bajo qué condiciones se activan o inhiben las respuestas sexuales, y por ende identificar patrones de excitación e inhibición (Katz et al., 2023; Cáceres, 2001).
En contextos clínicos forenses es útil para evaluar de forma objetiva respuestas e intereses sexuales atípicos como el interés en actividades sexuales no consentidas o en menores (Katz et al., 2023).
Por otro lado, la medición de estas respuestas puede ayudar a valorar la eficacia de las distintas estrategias de tratamiento, ya sea que estas estén orientadas al aumento de la reactividad, a su disminución o incluso a que esta se inicie (Cáceres, 2001). En este sentido, el estudio de la psicofisiología de las conductas es útil para obtener datos y diseñar un tratamiento, aplicarlo y evaluar su eficacia.
Importancia para la Psicología
Consideramos que el estudio de la conducta sexual humana desde la psicofisiología es sumamente importante para la Psicología, dado que la sexualidad no es solo biología ni solo emoción; es la interacción constante entre ambas, así que es tan importante el estudio de las variables psíquicas, como el de las fisiológicas, y de la comunicación bidireccional que tienen.
Su relevancia radica en que ayuda a entender que la respuesta sexual tiene una base fisiológica medible (activación del sistema nervioso autónomo, cambios en la frecuencia cardíaca, la vaso congestión, la actividad hormonal y las respuestas genitales) pero que esa base se modula por procesos psicológicos como la atención, el deseo, la ansiedad, las expectativas y la experiencia previa, y por eso el mismo estímulo puede provocar respuestas muy distintas según el contexto y la persona.
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